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Cielo azul – Wassily Kandinsky (1940)

El Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad (TDAH) es uno de los trastornos más cuestionados y que ha generado mayor número de mitos e ideas falsas a su alrededor. A lo largo de los años he oído en varias ocasiones comentarios que ponían en duda su existencia o incluso que llegaban a asegurar cómo niños con este supuesto trastorno simplemente no estaban “bien educados”. Nada más lejos de la realidad.

Ahora bien, qué es el Trastorno por Déficit de Atención/Hiperactividad. De acuerdo con la última versión del manual de diagnóstico DSM-5, el TDAH está catalogado dentro de los trastornos del neurodesarrollo. Esto quiere decir que existe una alteración en el desarrollo neurológico del niño, generalmente precoz, que produce déficits o afecciones en distintas áreas (personal, social, académica u ocupacional).

Estas afecciones pueden ser muy heterogéneas, puntuales o crónicas, pero en cualquier caso deben ser atendidas para mitigar lo máximo posible sus consecuencias, que se suelen traducir en bajo rendimiento académico general o problemas para forjar o mantener relaciones sociales con los iguales. Como ejemplo, otros trastornos del neurodesarrollo son el Trastorno del Espectro Autista o el Trastorno Específico del Aprendizaje.

¿Cuál es el origen?

Los trastornos del neurodesarrollo pueden ocurrir por varios factores, pero por lo general la etiología no suele ser clara ya que confluyen distintas variables. Estos factores se pueden clasificar en genéticos, prenatales, perinatales y postnatales.

Por otro lado existen los factores de riesgo, de entre los que mencionaré especialmente los modificadores del desarrollo, como por ejemplo los patrones de interacción familiar, que si bien no son causa del TDAH, pueden influir tanto de forma positiva como negativa en su evolución y pronóstico. Es necesario trabajar todos estos factores para prevenir posibles problemas a futuro, por esa razón es tan importante el enfoque conjunto entre la familia, el centro de enseñanza y los profesionales de salud implicado, atendiendo a todas las necesidades que vayan apareciendo y previniendo otras por el camino.

Más allá del diagnóstico categórico

Según el DMS-5, el TDAH está caracterizado principalmente por patrones continuados de inatención, desorganización y/o hiperactividad-impulsividad que resienten significativamente el desempeño y las habilidades adaptativas del niño. Por lo general, los tutores y docentes comienzan a notar esto cuando los niños empiezan la escuela primaria, es decir, entre los 6 y 12 años, debido a los bajos niveles de rendimiento u otros problemas asociados.  

En la actualidad el diagnóstico del TDAH es meramente clínico, es decir, se puede considerar una evaluación exclusivamente a través de los criterios del DSM-5. Sin embargo, señala el psicólogo y neuropsicólogo infantil Juan Arias en el último Congreso Internacional de Neuropsicología Aplicada (2021), el TDAH trae consigo implicaciones cognitivas que requieren de conocer y valorar el funcionamiento cognitivo superior del niño para poder dar una respuesta completa y verdaderamente adaptada a sus características.

Gracias a la intervención del neuropsicólogo pudimos conocer una perspectiva más amplia de este trastorno debido a estudios recientes que detectaron un déficit en las funciones ejecutivas que es lo que, en consecuencia, altera la capacidad atencional, entre otras funciones ejecutivas. A groso modo podríamos decir que estas son las funciones que nos permiten tomar conciencia y control sobre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Esto significa que el TDAH, aunque hace referencia directa a la atención, no solo atañe a esta, que es una función cognitiva, sino también a las funciones emocionales y conductuales, y dentro de cada una de estas, cada dominio o habilidad podría estar más o menos alterada. Otras funciones ejecutivas que influyen o determinan la capacidad atencional, y viceversa, son la capacidad de inhibición, iniciación, autogestión, regulación o planificación a largo plazo de una tarea.

A raíz del confinamiento se ha detectado un deterioro en el manejo de las funciones ejecutivas, principalmente en niños y adolescentes. Puedes leer más acerca de las consecuencias de la pandemia en nuestro artículo El Síndrome de la Cabaña

Es por esta razón que se comienza a rechazar el diagnóstico puramente categorizado, es decir, atendiendo exclusivamente a los criterios del DSM-5, y se propone un diagnóstico dimensional a través de una evaluación neuropsicológica. Esta evaluación usaría una batería completa de pruebas específicas para las funciones ejecutivas, dando como resultado un perfil cognitivo cualitativo que tenga en cuenta los factores emocionales y conductuales del niño. Gracias a este enfoque, no solo orientado a escalas atencionales, se podrá profundizar en las necesidades específicas de cada niño y así elaborar una intervención psicológica y pedagógica adecuada, evitando tanto el sobre como el infradiagnóstico. 

¿Y es necesaria intervención farmacológica?

Esta es una de las primeras preguntas que las madres y padres de los niños plantean cuando se comienza a trabajar en estos casos, y para responder tomo las palabras del neuropsicólogo Juan Arias, que señala que, aunque la farmacología puede ser un apoyo en determinadas situaciones, lo que sin duda es esencial es un acercamiento conjunto en el que se trabaje desde la neuropsicología y psicopedagogía para poder asegurar el correcto desarrollo del niño en todos los ámbitos de su vida tanto en el presente como en el futuro.

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Fotografía de la Psicóloga Vicky Ramírez Barcia, en un campo, cabello castaño claro, casi rubio, sonriente con sus lentes de marco grueso y negro

Vicky R. Barcia.

Psicóloga Mtr. en Orientación de la Universidad de Sevilla,

Psicóloga Educacional Magister en Orientación de la Universidad de Sevilla, España. Estudios en equinoterapia y experiencia en programas de «Respiro Familiar» y en «Orientación Educativa» en la US.

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