No todas las formas de estudiar son igual de efectivas. Muchas veces, las personas dedican horas a leer y releer material sin lograr retenerlo o aplicarlo después. Esto no tiene que ver con falta de capacidad, sino con el uso de estrategias y tecnicas de estudio poco eficientes.
La buena noticia es que la psicología del aprendizaje ha identificado técnicas concretas que permiten estudiar mejor, optimizar el tiempo y lograr una comprensión más profunda. En este artículo encontrarás herramientas prácticas, basadas en evidencia, que pueden ayudarte a mejorar significativamente tu forma de aprender.

Diferencia entre estudiar y repasar
Es importante distinguir entre los procesos de estudiar y repasar, ya que cumplen funciones distintas dentro del aprendizaje.
Estudiar implica la primera exposición activa al contenido. En esta etapa, el objetivo principal es comprender la información, organizarla y darle sentido. Involucra procesos como la lectura comprensiva, la elaboración de resúmenes, la generación de preguntas y la conexión con conocimientos previos.
Por otro lado, repasar consiste en volver sobre un contenido previamente estudiado con el objetivo de fortalecer su retención y facilitar su recuperación futura. El repaso es más efectivo cuando se basa en la evocación activa (por ejemplo, intentar recordar la información sin consultar el material) en lugar de una simple relectura.
Desde una perspectiva basada en evidencia, el aprendizaje óptimo ocurre cuando ambos procesos se combinan estratégicamente: primero se construye una comprensión inicial del material (estudio) y luego se consolida mediante múltiples instancias de recuperación distribuidas en el tiempo (repaso).
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Técnicas de Estudio
Para que la incorporación de las técnicas que presentaremos a continuación sea optima es recomendable que te hagas un cronograma y vayas incorporando una cada semana.
Ademas, es fundamental dormir adecuadamente para consolidar la memoria y facilitar el aprendizaje. El sueño participa en la consolidación de la memoria, es decir, en el proceso mediante el cual lo aprendido se estabiliza y se vuelve más resistente al olvido. Además, dormir bien favorece el aprendizaje posterior porque el cerebro procesa y reorganiza la información adquirida durante el día (Diekelmann & Born, 2010; Klinzing et al., 2019).
El éxito que puedas tener aplicando estas técnicas se basan en esos dos puntos.
Semana 1: Práctica de recuperación (la más importante)
Consiste en intentar recordar la información sin mirar el material. En lugar de releer, se recomienda cerrar los apuntes y escribir o decir en voz alta lo que se recuerda.
Su valor principal es que obliga al cerebro a recuperar activamente la información, lo que fortalece la memoria más que la relectura pasiva. La evidencia muestra que esta técnica mejora de forma consistente la retención a largo plazo y suele superar a estrategias como subrayar o volver a leer (Dunlosky et al., 2013; Rowland, 2014).
Ejemplos:
- Responder preguntas sin apoyo
- Hacer autoevaluaciones
- Explicar el contenido con tus propias palabras
Semana 2: Estudio espaciado
Implica distribuir el estudio en el tiempo en lugar de concentrarlo en una sola sesión.
Esta técnica aprovecha el efecto de espaciado, que demuestra que la memoria mejora cuando el aprendizaje se reparte en varias sesiones. El espaciamiento favorece la consolidación y reduce el olvido, por lo que es más eficaz que estudiar todo de una sola vez (Cepeda et al., 2008; Donoghue & Hattie, 2021).
Ejemplo:
- Día 1: estudio inicial.
- Día 2: primer repaso.
- Día 5: segundo repaso.
- Día 10: tercer repaso.
Semana 3: Intercalado de contenidos
Consiste en alternar distintos temas o tipos de problemas durante una misma sesión de estudio.
El intercalado ayuda a diferenciar conceptos y a elegir mejor qué estrategia usar en cada caso. Aunque puede sentirse más difícil que estudiar un solo tema por bloque, suele mejorar la transferencia del aprendizaje y la discriminación entre contenidos (Dunlosky et al., 2013; Donoghue & Hattie, 2021).
Ejemplo:
- Estudiar un tema → cambiar a otro → volver al primero.
Semana 4: Elaboración del contenido
Se basa en profundizar en la información mediante preguntas y conexiones.
La elaboración favorece un procesamiento más profundo porque obliga a relacionar la información nueva con conocimientos previos. Eso mejora la comprensión y hace que el contenido sea más fácil de recuperar después (Dunlosky et al., 2013).
Preguntas útiles:
- ¿Por qué esto es así?
- ¿Cómo se relaciona con otros temas?
- ¿En qué situaciones se aplica?
Semana 5: Explicación activa (efecto Feynman)
Consiste en explicar el contenido de forma simple, como si se enseñara a otra persona.
Aunque el nombre “Feynman” es divulgativo, la base científica se relaciona con la autoexplicación: explicar con tus propias palabras revela vacíos de comprensión y obliga a reorganizar el conocimiento. Esto mejora la comprensión y consolida el aprendizaje de manera más efectiva que la simple repetición (Dunlosky et al., 2013).
Pasos:
- Explicar con palabras simples.
- Identificar vacíos de comprensión.
- Revisar el material.
- Volver a explicar.
Semana 6: Escritura activa
En lugar de copiar textualmente, se recomienda procesar la información.
Escribir activamente obliga a seleccionar, organizar y transformar la información. Ese esfuerzo cognitivo promueve una codificación más profunda y mejora la comprensión, especialmente cuando se usan resúmenes con propias palabras o mapas conceptuales (Dunlosky et al., 2013).
Estrategias:
- Resumir con tus propias palabras.
- Elaborar esquemas o mapas conceptuales.
- Organizar la información de forma visual.
Semana 7: Simulación de evaluación
Practicar en condiciones similares a un examen real.
Simular una evaluación combina práctica de recuperación con exposición al formato de examen. Esto ayuda a retener mejor la información, mejora la preparación y puede reducir la ansiedad al familiarizarse con el tipo de preguntas y el tiempo disponible (Rowland, 2014; Adesope et al., 2017).
Incluye:
- Tiempo limitado.
- Sin acceso a apuntes.
- Preguntas abiertas o tipo prueba.
Semana 8: Dificultad deseable
El aprendizaje efectivo suele implicar cierto nivel de esfuerzo. Las técnicas que requieren mayor trabajo cognitivo tienden a generar mejores resultados a largo plazo.
La idea de dificultad deseable plantea que un estudio demasiado fácil puede dar una sensación de dominio que no se traduce en recuerdo duradero. En cambio, las estrategias que exigen esfuerzo cognitivo suelen fortalecer más la memoria y la transferencia, aunque al inicio parezcan menos cómodas.
Bibliografía
Adesope, O. O., Trevisan, D. A., & Sundararajan, N. (2017). Rethinking the use of tests: A meta-analysis of practice testing. Review of Educational Research, 87(3), 659–701. https://doi.org/10.3102/0034654316689306
Cepeda, N. J., Vul, E., Rohrer, D., Wixted, J. T., & Pashler, H. (2008). Spacing effects in learning: A temporal ridgeline of optimal retention. Psychological Science, 19(11), 1095–1102. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2008.02209.x
Diekelmann, S., & Born, J. (2010). The memory function of sleep. Nature Reviews Neuroscience, 11(2), 114–126. https://doi.org/10.1038/nrn2762
Donoghue, G. M., & Hattie, J. A. C. (2021). A meta-analysis of ten learning techniques. Frontiers in Education, 6, 581216. https://doi.org/10.3389/feduc.2021.581216
Dunlosky, J., Rawson, K. A., Marsh, E. J., Nathan, M. J., & Willingham, D. T. (2013). Improving students’ learning with effective learning techniques: Promising directions from cognitive and educational psychology. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4–58. https://doi.org/10.1177/1529100612453266
Klinzing, J. G., Niethard, N., & Born, J. (2019). Mechanisms of systems memory consolidation during sleep. Nature Neuroscience, 22(10), 1598–1610. https://doi.org/10.1038/s41593-019-0467-3
Rowland, C. A. (2014). The effect of testing versus restudy on retention: A meta-analytic review of the testing effect. Psychological Bulletin, 140(6), 1432–1463. https://doi.org/10.1037/a0037559
