La formación cerebral de la empatía ha sido un proceso tan revolucionario en la historia de la humanidad que creo que todos deberíamos estar hablando de esto. Principalmente porque el momento histórico que estamos viviendo, en un planeta más sobrepoblado que nunca (8.300.678.395 en 2026, según datos de Woldometer. Proyecciones de la población mundial), donde vemos datos como que el 68% de las personas comenta que su principal preocupación en la actualidad es la Salud Mental, según el Informe de Servicios de Salud de Ipsos 2025, y que Chile es uno de los más preocupados, sin embargo, el resto del mundo también presenta estadísticas parecidas. Ustedes se preguntarán ¿Y qué tiene que ver todo eso con el cerebro empático?.
Dentro de las causas de estas preocupaciones están la pandemia del Covid 19, el aumento de la visibilidad de estos temas y los problemas económicos globales (guerras, hambrunas, muerte). Y es en este último punto donde debemos poner el ojo, tomando en cuenta que quienes llevan a cabo las guerras (Políticos, religiosos y milicias) suelen ser personas que en muchas ocasiones personalidades narcisistas, sociópatas o psicopáticas, que no están dispuestos a ponerse en el lugar de quien sufre, aunque sea el mundo entero.

En nuestras vidas, en más de algún momento hemos tenido que lidiar con alguna persona con «poca empatía», ya sea un padre, una madre, abuelos, hermanos, compañeros de trabajo o parejas. Personas que pueden ver sufrir a otra persona (aunque sea alguien cercano) pero que no movilizan su emocionalidad, no la sienten en su cuerpo, aunque entiendan «cognitivamente» lo que sucede. Por lo mismo, entendemos el daño que pueden hacer esas personas, sobre todo padres y madres con quienes debes convivir día a día. Es por esto que la empatía tiene hoy tanta relevancia, porque aunque la Salud Mental tiene factores muy complejos sobre sus causas, podemos tener en claro que una de esas causas es por tener que lidiar con personas con estas características.
¿Cómo se formó la empatía en los seres humanos?
Nuestros antepasados debieron pasar por millones de años para formar redes de cuidado empático para que la especie pudiera sobrevivir frente a la falta de comida, depredadores, clima y desastres naturales. Por lo que todo fue un proceso muy lento. Los principales hitos fueron:
- La maternidad: Hace más de 200 millones de años las madres mamíferas debían estar conectadas y sintonizadas con sus crías para su alimentación y cuidado. Responder a tiempo al llanto (las que activan redes neuronales específicas en las madres empáticas), al frío o cuidado reforzaron la conexión emocional a través de la hormona oxitocina.
- Sincronización corporal: Para poder estar en sintonía con los otros, las personas debían «entender» la corporalidad, los movimientos, gestos para poder imitarlos, esto se llama Mecanismo de Percepción-Acción (PAM). Fueron las neuronas espejo las responsables de este proceso. Servía para correr cuando otros lo hacían, bostezar y reconocer a los iguales. Esto también se ve en chimpancés y perros.
- La capacidad de consolar: El cerebro no solo imitaba gestos, también imitaba emociones, por lo que buscaba como aliviarla, apareciendo la simpatía o preocupación comprensiva para ayudar en el dolor de los otros. Ciertas áreas cerebrales como la Corteza Cingulada Anterior se encargan de distinguir el dolor ajeno del nuestro para no fundirnos en la emoción del otro y quedarnos paralizados.
- La empatía cognitiva: Es el hito más reciente de la evolución cerebral, alojada principalmente en la corteza prefrontal y que es la capacidad de entender la situación del otro incluso si es distinta a la nuestra. Es lo que se llama Toma de Perspectiva, que es una capacidad del cerebro evolucionado que logra imaginar escenarios futuros y necesidades específicas de otros humanos.
Sin embargo, el hito probablemente más importante de todos, fue un periodo específico de la historia humana luego del proceso de bipedestación donde los humanos nacían con mayores necesidades que los otros animales en sus primeros años. Este proceso se llama Altricidad Secundaria.
El dilema obstétrico
Durante el proceso de bipedestación hace unos 6 o 7 millones de años hubo cambios significativos para los humanos, como la liberación de las manos para manipular utensilios, cargar objetos y regulación térmica. Sin embargo, esto se sumó al proceso de encefalización donde el cerebro humano creció entre 6 a 7 veces su tamaño, por lo que fue un conflicto al momento del parto, derivando en periodo de acomodamiento anatómico, adelantando el parto y por consiguiente naciendo niños más prematuros que necesitaron mayores cuidados en su primera etapa de vida.
La Altricidad Secundaria es la condición de vulnerabilidad por la «prematuridad» con la que nacen los humanos respecto de otros animales. Cuando otros animales suelen caminar y obtener sus alimentos a los pocos minutos de nacidos, para que un humano haga lo mismo, necesita años de inversión parental y cuidados.
Afortunadamente, para este periodo donde las madres necesitaban mayor ayuda para la crianza de las crías, se logró una estrategia de crianza compartida con otros adultos que pudieran participar como padres, abuelas, hermanas mayores u otros miembros del grupo. A este proceso se le llama Aloparentalidad.
El parto asistido que debido a la dificultad debió ser asistido por personas con experiencia, quienes lograban entregar no solo ayuda física, sino también un sostén emocional para disminuir el miedo y el dolor. Algo que se logra con la suficiente empatía por el dolor ajeno.
La empatía en este caso fue una manera de poder predecir las conductas de los otros humanos que pudieran entregar seguridad sobre el cuidado de las crías, como también lo fue los mismos cuidadores, quienes debían comprender las demandas, llantos y dolores de los bebés e intentar aplacarlos. También fue el crecimiento cerebral sobre todo en las áreas corticales donde se alojan las redes de la empatía la que hizo que los humanos fueran evolucionando. Es decir, no existe evolución humana compartida con redes de apoyo y cuidado mutuo sin la empatía.
Tribalismo y sesgo de grupo
Según el biólogo Edward O. Wilson, los seres humanos tenemos una predisposición hereditaria a pertenecer a un grupo y considerar ese grupo como superior a los demás. Las personas suelen preferir estar con individuos con rasgos parecidos, que hablen un mismo dialecto y compartan creencias similares.
Por eso mismo, a los seres humanos en la actualidad buscamos pertenecer a grupos, donde podemos sentirnos cómodos, comprendidos y con una meta en común. Sin embargo, esto puede desembocar fácilmente en racismo e intolerancia, considerando que los humanos tenemos un número límitado de personas a quienes podemos conocer, reconocer y mantener una relación estrecha.
La capacidad de los humanos de empatizar es limitado. Mantener relaciones estrechas con personas que no son parecidas a nosotros es muy difícil, por lo que comprender su historia y validar su postura se vuelve dificultoso. El número de Dunbar nos explica esto:

Esta imagen nos entrega información certera sobre esta capacidad. Por lo que cada uno de nosotros, independiente de nuestra capacidad empática, tenemos una limitación para hacerlo con el resto del mundo, y es nuestro núcleo más íntimo quien se lleva gran parte de nuestra capacidad empática. Es por esto que muchas personas que no conocen la realidad por ejemplo de Latinoamérica, miran con lejanía a sus ciudadanos y costumbres, así como nosotros podemos hacerlo también con culturas muy diferentes. El racismo es transversal en todas los paises por este efecto. Cualquier persona que tenga un dolor que no hemos conocido, nos puede resultar casi imposible de empatizar.
¿Los líderes son empáticos o no?
La historia reciente de la humanidad, desde los primeros asentamientos y civilizaciones fueron dominadas por emperadores, reyes y líderes religiosos que dictaban la posición jerárquica de las personas, que no debía ser cuestionada. Mientras unos eran los que dominaban, otros eran dominados, algo que sigue sucediendo hasta la actualidad. Las formas de ejercer ese poder han sido múltiples, pasando por el poder de las armas y del relato político, algo que vemos con más cercanía hoy cuando cada presidente o mandatario salir en la prensa con discursos que carecen de total compasión hacia un grupo contrario de personas, expresando explícitamente que son considerados infrahumanos a quienes se les puede destruir y masacrar con toda la fuerza posible.
Los nazis durante la segunda guerra mundial vieron a ciertos grupos como sus enemigos principales como los comunistas, anarquistas, judíos, gitanos y discapacitados. Ellos miraban a todos ellos como seres infrahumanos que no merecían vivir, siendo un grupo con el que por ningún motivo podían empatizar. Y si es que llegaba a pasar, es porque logran comprender cómo causarles más dolor. Asimismo, actualmente el estado de Israel y el sionismo miran al resto del mundo, pero por sobre todo al pueblo palestino a quienes han masacrado en un genocidio que jamás la humanidad pensó que ocurriría luego de la declaración de los derechos humanos en 1948, intentando que el holocausto no volviera a suceder. Sin embargo, hoy pasa a vista de todos y ninguna nación puede hacer algo frente al poderío bélico de Israel.
Lamentablemente hoy esos líderes no actúan solos, sino que a través de la propaganda política son capaces de justificar el sufrimiento de miles de personas y quienes no tienen un pensamiento crítico y presentan rasgos psicopáticos están de acuerdo con que siga sucediendo. Este tipo de personas pueden presentar una empatía cognitiva, pero no afectiva.
Empatía Cognitiva vs Empatía Afectiva
Actualmente la empatía se entiende como un constructo multidimensional que contiene componentes afectivos y cognitivos que pueden complementarse. Ambos procesos nos permiten poder conectarnos emocionalmente con el otro y entender su comportamiento desde una perspectiva mental.
- La Empatía Afectiva: Se denomina también como «contagio emocional» y se describe como la capacidad se sentir y compartir el estado emocional de otra persona. Se cataloga como un proceso automático y básico que se desarrolla en la infancia. Implica una respuesta de las neuronas espejo que juegan un papel importante al permitir que el observador «copie» internamente la emoción que percibe del otro. Sus bases biológicas están principalmente en el sistema límbico donde incluye áreas como la ínsula y el giro temporal superior.
- La Empatía Cognitiva: Se describe como la capacidad de comprender y diferenciar los estados emocionales, pensamientos e intenciones de las otras personas sin necesidad se «sentirlo». En este punto es donde funcionan la toma de perspectiva y la «Teoría de la Mente«, donde podemos «ponernos en el lugar del otro» exigiendo una arquitectura cerebral más avanzada. Depende de estructuras como la Corteza Prefrontal la cual se desarrolla en la adolescencia y funciona bajo habilidades ejecutivas específicas como la inhibición (suprimir la respuesta emocional), flexibilidad cognitiva (para diferenciar el esquema mental propio del ajeno) y la autorregulación (proceso de arriba-abajo) que permite que no nos desbordemos ante la emocionalidad del otro.
Las personalidades psicopáticas y narcisistas suelen no experimentar la empatía afectiva, sentir el dolor del otro no es parte de su vida, es por esto que pueden manipular, golpear, insultar y matar sin sentir remordimiento. Sin embargo, pueden presentar una empatía cognitiva lo que les permite «leer» las vulnerabilidades para manipular estratégicamente.
La regulación afectiva asociada a las zonas corticales del cerebro se deben al desarrollo en la infancia de las relaciones significativas. El cuidado responsable y sensible de los infantes logran promover el crecimiento de circuitos neuronales encargados de la regulación emocional. Vivir experiencias negligentes, de estrés crónico o abandono pueden alterar la maduración, regulación emocional y respuestas empáticas adecuadas.
Leer también: 9 rasgos esenciales para reconocer a una persona narcisista.
El «Lado Oscuro» de la Empatía
En psicología clínica y forense, se observa que los psicópatas y sociópatas no carecen de empatía absoluta, sino que presentan un desequilibrio específico:
- Déficit de Empatía Afectiva: En este caso muestran una nula o muy baja capacidad de sentir lo que otros sientes o para reaccionar emocionalmente al sufrimiento ajeno. Son muestran insensibles a las señales de angustia, como el miedo y la tristeza.
- Empatía Cognitiva Intacta: Pueden poseer una capacidad elevada para leer las intenciones de los demás, sus deseos y vulnerabilidades. Esto les permite explotar la relación de manera estratégica sin remordimiento.
- La Empatía como herramienta: La tortura, la manipulación y el miedo ejercido funcionan porque la empatía cognitiva les permite saber qué afectará más a la víctima.
Este fenómeno en los líderes mundiales se le llama Tríada Oscura de la personalidad, que se entrelaza con el narcisismo, maquiavelismo y psicopatía subclínica. En estos casos es en donde utilizan el poder, el estatus y control para fomentar polarización (con un enemigo en común como nombramos anteriormente) siendo muy hostiles con el resto, también distorsionan la realidad como los datos oficiales, a la prensa e instituciones para su beneficio, mostrando una capacidad de crear entornos cerrados, regímenes autocráticos que no permiten el pensamiento divergente.
Ahora, que ya conoces cómo funciona, es tiempo de ser más analítico con las personas a nuestro alrededor y de los políticos por quienes votamos. Seguir entregando el bienestar de todos a sociópatas que solo buscan dividir y suprimir el pensamiento diferente es la tumba que cavamos día a día.
Referencias:
Filippetti, Vanessa Arán, López, Mariana B., & Richaud, María Cristina. (2012). Aproximación Neuropsicológica al Constructo de Empatía: Aspectos Cognitivos y Neuroanatómicos. Cuadernos de neuropsicología, 6(1), 63-83. https://doi.org/10.7714/cnps/6.1.204
Hwong, A. (2010). Madres y otros: Los orígenes evolutivos de la comprensión mutua [Reseña del libro Mothers and Others de Sarah Blaffer Hrdy]. Servicios Psiquiátricos, 61(10). https://doi.org/10.1176/ps.2010.61.10.1050

Pablo I. Solis
Psicólogo clínico especialista en ansiedad, depresión y trastornos de la personalidad.
