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El impacto invisible de las pantallas en el cerebro de los niños

Las pantallas están presentes en nuestro día a día; no solo para la comunicación o el trabajo, sino también para el ocio, y cada vez, en edades más tempranas. De hecho, no es difícil encontrarnos con situaciones donde niños de edades preescolares hacen uso de estos dispositivos para entretenerse o incluso calmarse. ¿Pero esto realmente es inocuo para el desarrollo neurológico y emocional de los niños? ¿O estamos generando sin darnos cuenta un daño en las capacidades de quienes precisamente se encuentran en el periodo más delicado de su desarrollo?

Esta temática cada vez es más relevante y preocupa a padres, madres y profesionales debido no solo a los efectos en el presente, sino a las repercusiones que aún no conocemos y que nos esperan en un futuro ya no tan lejano.

Niño con dos pantallas, una enfrente y una detrás

1. El impacto en el cerebro infantil, ¿qué dicen los expertos?

El uso excesivo de las pantallas en la infancia empieza a ser un desafío en la consulta clínica debido a todos los cambios que generan no solo a nivel psicológico, sino también a nivel neurológico. No solo la televisión, sino los videojuegos, el uso de internet o de redes sociales se han identificado como los principales elementos que generan este impacto.

Estudios ya han señalado cómo el cerebro de los niños expuestos a pantallas de forma prolongada empiezan a generar cambios estructurales en la corteza prefrontal, área encargada de la atención, control cognitivo y toma de decisiones. La materia blanca por su parte empieza a perder conectividad, bajando la velocidad de procesamiento de la información y provocando enlentecimiento y dificultades en el aprendizaje.

Por otra parte, si nos enfocamos en los conocidos trastornos del neurodesarrollo, existe un aumento muy notable en el riesgo de padecer un TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad) debido a todos los daños neurológicos generados. Esta exposición prolongada a pantallas en edades tan tempranas se asocia a una mayor impulsividad, problemas de regulación atencional y menor capacidad de concentración. Esto puede explicarse por la sobreestimulación sensorial que generan las pantallas (vídeos y juegos principalmente), que altera la maduración del lóbulo frontal y de los circuitos dopaminérgicos.

Otra área afectada considerablemente es la corteza cingulada anterior, una región que es esencial para la regulación emocional, lo que dificulta el control de impulsos, la tolerancia a la frustración y la capacidad para mantener la atención en entornos con distracciones constantes (como por ejemplo ambientes escolares).

Niña sentada frente a una pantalla de una tablet

Otra área afectada considerablemente es la corteza cingulada anterior, una región que es esencial para la regulación emocional, lo que dificulta el control de impulsos, la tolerancia a la frustración y la capacidad para mantener la atención en entornos con distracciones constantes (como por ejemplo ambientes escolares).

Hay que señalar que si bien todas estas alteraciones son respecto de funciones ejecutivas o funciones cognitivas, existen alteraciones más silenciosas pero no por ello menos importantes, como el insomnio. La luz que emiten las pantallas hacen que la producción de melatonina natural disminuya. La melatonina es la encargada de regular los ciclos día-noche en el cerebro, y su alteración empobrece la calidad del descanso de los niños, provocando una privación del sueño más pasiva. Esto es fácil de relacionar con síntomas emocionales que todos podemos haber experimentado, como irritabilidad durante el día, problemas de comportamiento o déficits de atención sostenida.

Finalmente, desde un punto de vista más emocional, se ha encontrado que estos niños tienen dificultades para interactuar entre ellos, afectando el desarrollo de la empatía y las habilidades de comunicación. Esto puede derivar en dificultades para generar relaciones saludables con pares, haciendo a los niños más proclives al aislamiento, la ansiedad o la depresión.

2. Mirando al futuro: peligro en el rendimiento escolar

Cuando hablamos de rendimiento escolar, entran en escena variables como habilidades cognitivas, comportamiento en el aula, apoyo familiar, o incluso nivel socioeconómico, sin embargo, estos no son los únicos elementos que hay que tener en cuenta. Existen factores ambientales igual de importantes como el horario en el hogar o los espacios reservados para el estudio. En este último grupo, encontramos el tiempo dedicado al uso de pantallas.

En Chile, un estudio reciente encontró que los de 5° a 8° básico pasaban de media 5 a 6 horas diarias usando sus teléfonos o tablets, notando que aquellos que tenían un uso más prolongado, tenía calificaciones más bajas en el promedio general, específicamente en matemáticas y lenguaje, y se percibían con menos habilidades asociadas a lo cognitivo.

Más allá del rendimiento y los logros académicos per se, es necesario plantearnos qué tipo de habilidades queremos fomentar en los niños, e incluso, qué tipo de autoestima estamos permitiendo que forjen en torno a sus propias habilidades.

3. Consecuencias en el cerebro adulto, ¿con qué nos encontramos?

En los adultos, el uso desmedido de pantallas no es menor, ya que además de los posibles daños y alteraciones que uno arrastra desde su infancia, existen alteraciones que van sumando dificultades en el día a día.

La sobreexposición a las pantallas genera una sutil pero constante sensación de estrés que añadida a los problemas de memoria y de estado del ánimo, produce una carencia de motivación generalizada. Estos adultos se caracterizan por no tener energía para llevar a cabo sus metas, poca motivación para el cambio, y una desesperanza aprendida y cansancio vital del que ya nos advirtieron algunos filósofos.

Desde un punto de vista neuroquímico, esta adicción digital ha sido vinculada con alteraciones en los sistemas dopaminérgico y serotoninérgico, los que regulan el estado de ánimo y la motivación. Las redes sociales aquí tienen un papel importante, ya que su uso concreto ha demostrado tener relación con una liberación recurrente de dopamina, generando una reducción de sensibilidad. Esto provoca no solo ansiedad y sensación de dependencia a las redes sociales, sino que puede ir más allá, generando desbalances químicos que provoquen migrañas y una profunda fatiga mental.

Por otro lado, a nivel estructural, se ha encontrado un adelgazamiento de la corteza prefrontal y una disminución en el volumen de la sustancia gris del lóbulo frontal, alterando la capacidad de planificar y ordenar las ideas. Además de esto, existe una reducción en la actividad del hipocampo, el área que consolida la memoria y la orientación especial. Esto explica que los jóvenes y adultos que usan más pantallas, tienen mayor dificultad para retener información y les cuesta poder incorporar conocimientos a su memoria a largo plazo.

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4. Las redes sociales y su poder sobre la salud mental

Todas las alteraciones neurológicas señaladas tanto en la infancia como en la adultez, ya nos hablan de unas manifestaciones emocionales y conductuales que pueden aparecer de distintas formas. Las sintomatologías más comunes que encontramos en salud mental son trastornos ansiosos y depresivos, autolesiones e ideas autolíticas, trastornos de conducta alimentaria, trastorno dismorfofóbico, y déficit atencional.

El uso concreto de las redes sociales puede suponer un espacio de aprendizaje social donde se exponen modelos de cánones con los que uno puede compararse. Este contexto genera idealizaciones sobre el aspecto físico que alteran la percepción del propio cuerpo y las expectativas asociadas al aspecto físico, lo que puede dañar el autoconcepto y la satisfacción con la propia imagen.

En la población adolescente esto es especialmente peligroso, ya que no solo se encuentran en riesgo de alterar sus expectativas y la interiorización de su propia imagen, sino de que se generen espacios de acoso, odio o humillación social en base a estas comparaciones con modelos irreales. Por otra parte, existe una asociación con la presencia de trastornos de conducta alimentaria generado en parte por el fenómeno de la normalización y el refuerzo de sintomatología como elección de estilo de vida, aislando a los niños y adolescentes de modelos más saludables y conscientes.

Respecto de los síntomas de salud mental como ansiedad o depresión, existen diferencias en función del uso que se le da a las pantallas. Hay resultados mixtos en los estudios que buscan identificar la relación entre ambos fenómenos, pero lo que sí se ha podido concluir, es que limitar el uso del teléfono a menos de 3 horas semanales en adolescentes y niños, mejora la salud mental con una disminución de síntomas emocionales y problemas con pares.

Esta área se encuentra actualmente en estudio por toda la información y posibles variables que se debe tener en cuenta, aunque sin duda hay hallazgos que van generando un conocimiento sólido en cuanto a los factores de peligro que se pueden asociar al uso de redes sociales. Uno de estos factores es el ciberacoso, un potencial factor de riesgo para los síntomas de salud mental, autolesiones o ideación suicida.

En definitiva, el uso no controlado de redes sociales se ha asociado a distintas sintomatologías preocupantes en el marco de la salud mental.

El daño está en la dosis, no se trata de prohibir, sino de acompañar.

Si bien es cierto que la literatura científica más reciente sugiere asociaciones entre el uso excesivo de aplicaciones, juegos y redes sociales con la presencia de síntomas de salud mental y alteraciones neurológicas en la infancia, debemos mantener la calma y ver la situación a gran escala para entender qué es lo que se aconseja.

Las herramientas tecnológicas han llegado rápidamente a nuestras manos, por lo que no existían indicaciones claras sobre su uso o mejor dicho, su mal uso. Es por este motivo que estos estudios aportan luz sobre un campo muy reciente en el que aún quedan muchas incógnitas. Y es que en un mundo donde las pantallas han pasado a formar parte de nuestra vida, intentar eliminarlas por completo no es del todo realista. Es por esto que el objetivo debería ser aprender a utilizarlas de manera consciente, aprendiendo de los hallazgos y resultados que las investigaciones empiezan a compartir.

 Para lograr esto, aquí se describen algunas recomendaciones teniendo en cuenta todos los puntos tratados:

– Establecer límites de tiempo de pantalla. Los niños menores de 5 años no deben exceder 1h diaria de pantalla de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, aunque lo aconsejado serán máximo 3h semanales.

– Promover el uso consciente de la tecnología. Usar aplicaciones para controlar el tiempo empleado en dispositivos es un uso útil y práctico.

– Promover las interacciones presenciales y entre pares para los niños. Esto mejora sus habilidades sociales, cognitivas y ayuda al desarrollo de un cerebro sano y equilibrado.

– Incentivar actividades estimulantes. Promover actividades que ayuden al desarrollo neurológico como: leer, hacer ejercicio, conectar con la naturaleza, y usar la imaginación.

Referencias

Zapata-Lamana, R., Ibarra-Mora, J., Henriquez-Beltrán, M., Sepúlveda-Martin, S., Martínez-González, L., & Cigarroa, I. (2021). Aumento de horas de pantalla se asocia con un bajo rendimiento escolar. Andes Pediatrica, 92(4), 565-575. (Enlace Directo)

Ives, L. S. E., Patón, A. H., Buratti, M. A. F., Pitti, J. Á., Salmerón-Ruiz, M. A., Hernández, P. J. R., & Real-López, M. (2025). Impacto de las pantallas y las redes sociales en la salud mental. Anales de Pediatría, 103(2), 503909. (Enlace Directo)

Rodríguez, Y., González, B., Ruiz, N., Calderón, S., Cohen, R. (2025). Sobreexposición Digital: El impacto neurológico del uso excesivo de pantallas. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay, Vol. VI. (Enlace Directo)

Neuropsicología Vicky Ramírez Barcia

Vicky R. Barcia

Psicóloga Mst. Neurociencias

Psicóloga Clínica Master en Orientación de la Universidad de Sevilla, Master en Neurociencias de la Universidad Internacional de Valencia, Diplomado en Salud Mental y Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Chile.

Especialista en trastornos del neurodesarrollo, ansiedad y gestión emocional, programas de educación afectivo-sexual e identidad de género.