Los enfoques terapéuticos en psicología son múltiples, actualmente existen aproximadamente más de 400 enfoques diferentes que se agrupan en alrededor de 5 grandes (psicodinámico, cognitivo conductual, humanista, sistémico, transpersonal) y actualmente se suma la terapia integrativa que busca tomar distintas herramientas y explicaciones de estos enfoques para lograr entregar una psicoterapia mucho más especializada para cada persona.
Estos enfoques que han sido muy efectivos en muchos casos como ansiedad y depresión, incluso frente a placebos, donde tanto las terapias de 3° de generación y las TCC (Terapia Cognitivo Conductuales) tienen efectividad alta. Sin embargo, también presentan niveles de recaída de entre el 25% al 30% con mismos porcentajes entre ambas familias terapéuticas. Entonces pareciera ser que aunque pueden demostrar estos altos porcentajes la pregunta es ¿Cuáles son entonces los mejores enfoques para mi problema?.
El «Veredicto de pájaro Dodo» es una formulación que sostiene que todos los enfoques terapéuticos tienen el mismo nivel de efectividad independientemente de las técnicas que se puedan utilizar. Este concepto viene del libro «Alicia en el país de las maravillas» donde el pájaro Dodo luego de una carrera y pedirle el nombre del ganador dice «Todos ganaron, todos deben recibir premios».

Este término lo acuñó en 1936 el psicólogo Saul Rosenzweig para explicar que no son los factores específicos de la psicoterapia los que influían en el proceso (técnicas o enfoques en particular), sino los factores comunes, es decir, todo lo relacionado al vínculo de confianza, la empatía, las expectativas de cambio del paciente, la estructura del proceso, la calidez y habilidad clínica del terapeuta los que explican en un 80% la efectividad.
La importancia de los factores comunes
En las últimas tres décadas, el estudio de los factores comunes en psicoterapia ha sido un caso de estudios y de metaanálisis de los más influyentes en psicología clínica. El cuál nos pregunta ¿Qué es lo que realmente produce el cambio terapéutico?.

Lo que los estudios arrojan es que técnicas específicas explican un porcentaje muy bajo con respecto a los factores comunes como la alianza terapéutica y las características del terapeuta/paciente.
El psicólogo Michael Lambert en 1992 resumió los resultados de las investigaciones en cuatro grandes grupos de porcentajes hipotetizados de cambio en los pacientes:
- El cambio extraterapéutico y del paciente: El 40% de la mejoría puede ser explicada por factores como motivación, apoyo social, eventos vitales fortuitos, la severidad del problema y la resiliencia.
- Factores comunes (Relación terapéutica): La empatía, la calidez, la alianza terapéutica, un espacio sin juicios y la sintonía afectiva explican el 30% del cambio.
- Expectativas del paciente y efecto placebo: La credibilidad del proceso y las esperanzas que las personas mantienen sobre el proceso logran explicar el 15% de la mejoría.
- Técnicas específicas: Aplicación de técnicas como reestructuración cognitiva, mindfulness, desensibilización sistemática o asociación libre solo explica el otro 15%.
¿Entonces esto significa que las técnicas no tienen importancia real en el proceso terapéutico?. Pues toda la evidencia no invalida las técnicas sino más bien las entiende como un vehículo o canal por el cual la relación terapéutica cobra estructura y sentido, ya que la estructura de un proceso proporciona un ritual compartido que activa el compromiso del paciente, lo que fortalece los factores comunes.
Terapias contrarrestantes vs. no contrarrestantes
Las Terapias Cognitivos Conductuales se denominan terapias contrarrestantes porque trata al síntoma como algo que se debe disminuir, competir, mitigar o corregir, generando pensamientos nuevos y funcionales que compiten contra los pensamientos irracionales. Esto hace -neurobiológicamente hablando- que se logre crear un nuevo circuito neuronal que compite con el antiguo.
Ver también: Pensamientos Irracionales: 10 características
Se les llaman contrarrestantes porque en este caso es la corteza prefrontal la que genera presión cognitiva sobre el sistema límbico que es el que se activa cada vez que el síntoma se presenta. Cuando las redes neuronales son fuertes, las personas pueden mantener una vida mucho más tranquila, sin embargo, si la persona pasa nuevamente por un conflicto parecido, el síntoma podría volver a presentarse y recaer. El esquema profundo sigue latente bajo el nuevo hábito o pensamiento.
Las terapias no contrarrestantes no buscan combatir la respuesta sintomática del paciente sino más bien comprender, validar y extraer la verdad emocional del sistema límbico, donde el terapeuta adopta una postura no juzgadora y de plena validación. Con esto se entiende que la producción del síntoma no es un error que «no debería estar ahí» sino que el síntoma es coherente con la historia personal, donde el cerebro aprendió que debe producirlo antes de que se produzca un mal mayor.

Tipos de terapias no contrarrestantes
Existen varios enfoques terapéuticos que tienen una visión muy distinta de los otros enfoques. La idea es poder comprender el contexto de cada paciente y su historia de vida, donde el síntoma ha sido una forma muy viable de protección frente a un conflicto mucho más grande que de manera inconsciente (sistema límbico) siente como inminente. Aquí algunos enfoques:
- Terapia de Coherencia: Este enfoque constructivista hace referencia al descubrimiento de la coherencia del síntoma, donde el síntoma no es una disfunción, sino es un constructo muy bien elaborado que se ha mantenido como protección emocional implícita. Ej. «Si me acerca afectivamente a alguien, seré destruido, por lo tanto estar alerta y con pánico al compromiso es la forma de protegerme». La idea es que el paciente vivencie su verdad emocional.
- Terapia Focalizada en las Emociones: Esta terapia no intenta racionalizar el conflicto ni la emoción primaria dolorosa (como la vergüenza), sino más bien su premisa parte de que la «emoción se cambia por otra emoción» intentando transformar el esquema afectivo mediante una emoción desconfirmadora.
- Experiencia Somática: Este enfoque desarrollado por el Dr. Peter Levine explica que la mente racional de los seres humanos suele inhibir o bloquear las descargas fisiológicas naturales las cuales quedan «atrapadas» en el sistema nerviosos autónomo. El terapeuta invita a rastrear las sensaciones físicas en el presente como opresión en el pecho, calor, tensión o cosquilleos. No se le pide al paciente que se relaje, sino que complete el movimiento o descarga que quedo pendiente en el pasado.
- Terapia de Sistemas de la Familia Interna: Desarrollado por Richard Schwartz explica que nuestra mente funciona en «partes» o subpersonalidades, que se organizan alrededor de un centro sabio llamado Self (el sí mismo) que ante vivencias traumáticas se reorganiza para protegernos, dividiendose en roles. Se entiende que hasta la conducta más autodestructiva (por ejemplo, autolesiones, adicciones o autocrítica feroz) es un intento protector por evitar un dolor que abrume el sistema. Esta experiencia es acogida con compasión incondicional y aceptación por parte del Self en lugar de rechazo.
La idea de los enfoques no contrarrestantes es lograr identificar el síntoma y la función que ha cumplido en la vida de cada uno, para lograr así una integración del contenido, sin luchar en su contra, sino a su favor, entendiendo que por algún motivo no consciente se ha mantenido ahí intentando evitar un mal mayor.

Pablo I. Solis
Psicólogo clínico especialista en ansiedad, depresión y trastornos de la personalidad.
