Cuando hablamos de gestión emocional, no hablamos de la «represión» de ellas, como si estuviéramos intentando tapar una botella de gaseosa antes de que se suba la espuma, derramándose por todos lados, sino más bien se entiende como un «encause» adaptativo al ambiente, como si fuera un arroyo al cual limpiamos para que el agua pueda ser bien distribuida. Esto no anula el sentir, sino que lo valida y ayuda a categorizar.
Un concepto clave es la Diferenciación Emocional, que nos explica que aquellas personas que tienen mayor capacidad de expresar con palabras emocionales diferentes tiene mayor capacidad de gestionar conductualmente esas emociones. Por el contrario, aquellas personas con un vocabulario emocional más acotado, tiende a tener dificultades para gestionarlas de manera efectiva.
Las emociones no son simples caras, gestos o personajes de una película como Intensamente, sino que tienen todo un mecanismo neurobiológico intenso, marcado y efectivo a la hora de adaptarse. Cada una de ellas evolucionó en nuestro organismo bajo una manera de sobrevivir, como el miedo al abandono o a ser reprendido que para nuestros ancestros significaba muerte o el ostracismo, hizo que la sumisión fuera una forma de mantenerse protegido por el grupo.

La violencia y la gestión emocional
Cuando las personas viven situaciones de violencia, abuso o negligencia parental durante su infancia, se gesta un apego inseguro o desorganizado, donde la figura de apego no ayuda a contener las emociones del niño, sino más bien deja que «se pase solo», esto genera un daño cerebral sobre todo en las conexiones con la corteza pre frontal, una estructura fundamental en el reconocimiento, gestión emocional, control de impulsos y toma de decisiones. Por lo que el relato de sus emociones tienen un significado fisiológico más que lingüístico.
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¿Cómo se define la Diferenciación Emocional?
La Diferenciación Emocional o Granularidad Emocional es la capacidad de etiquetar, categorizar, distinguir y diferenciar lo que se siente en determinados momentos, empleando palabras más precisas para describir el suceso a nivel emocional. Esto es algo que se puede aprender y entrenar, teniendo una guía terapéutica, es posible adquirir mayores categorizaciones que ayuden en la gestión emocional.
A continuación presentaré dos ejemplos, el primero, de una persona con baja diferenciación emocional y otra con alta presentando el mismo hecho que será el presenciar el mismo accidente automovilístico:
- «Creo que lo que vi fue terrible, me cuesta entender como pasó todo, me siento pésimo«. Esto expresa emociones rígidas, que inundan la experiencia, se fijan en la memoria implícita sin categorizar, lo que la hace menos manejable y finalmente la conducta sea de congelamiento.
- «Fue todo muy rápido, en un principio quedé atónito por la situación, luego me acerqué para poder ayudar y me sentí impotente de no poder hacer algo más, al llegar los servicios de urgencia logré aliviar un poco la angustia que sentía. Me alegra haber ayudado». Se expresa en diferentes emociones, y acciones concretas de ayuda, lo que hizo que la situación fuera etiquetada con mayores redes neuronales que logran movilizar la conducta en vez de paralizarnos.
La emoción y la evaluación de la misma, ya sea como placentera o displacentera tiene un correlato conductual, si la emoción es muy intensa como ansiedad anticipatoria, la conducta es de evitación, por lo que termina siendo limitante con las actividades de la vida diaria. Es por esto que la gestión y diferenciación emocional es tan relevante para nuestra salud mental.

La evidencia científica demuestra que las personas con logran diferenciar mejor sus emociones negativas son menos propensas al consumo problemático de alcohol ante una situación estresante, consumiendo un 40% menos que aquellas personas con baja diferenciación emocional.

Por otra parte, ciertas patologías como el trastorno depresivo mayor tienden a experimentar emociones más intensas y una menor diferenciación emocional, como también las personas con ansiedad social tienden a describir su experiencia emocional de manera menos específica cuando tienen que interactuar con otras personas. El trastorno del espectro autista se relaciona con una baja diferenciación emocional por su inhabilidad para comprender y usar palabras emocionales.
El entrenamiento en diferenciación emocional podría ayudar a que las personas reflejen con mayor detalle la emoción que experimentan, además de producir opiniones morales con una menor carga emocional relacionadas al disgusto intenso ante opiniones diferentes a sus creencias. Del mismo modo, el enseñar a los niños y niñas en etapa escolar a reconocer y diferenciar sus emociones mejoraría la conducta social en el colegio y rendimiento académico.
En conclusión, la diferenciación emocional ayudaría a las personas a granular de mejor manera las experiencias emocionales y conductuales, categorizando y etiquetando el afecto logrando conseguir la autorregulación emocional y conductual. Es por esto que el enseñar a los niños y niñas sobre sus emociones y, que tanto cuidadores como colegios estén más conectados en conseguir una mayor educación emocional, mejoraría no solo su comportamiento en la sala de clase, sino que mejoría sus experiencias de infancia, y a futuro, una mejor salud mental en su adultez.
Si tienes dificultades para gestionar tus emociones y sientes que afecta tus relaciones, trabajo o autoestima, te invito a tomar psicoterapia y evaluar tu gestión emocional.

Pablo I. Solis
Psicólogo clínico especialista en ansiedad, depresión y trastornos de la personalidad.
