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Cuando pensamos en terapia de parejas se nos viene la imagen del Sr. y la Sra. Smith: La consulta del psicoterapeuta, la pareja sentada y frente a ellos, el terapeuta tomando notas en torno al comportamiento.

No es una imagen incorrecta del todo, los primeros planteamientos en torno a la terapia de pareja incluían el proporcionar un ambiente de dialogo entre ambas partes siendo el psicoterapeuta una especie de mediador que no solo se limitaba a esa función, sino que ademas sugería estrategias de dialogo y realizaba un proceso de análisis y diagnóstico en torno a las formas de hablar y comportarse de sus pacientes (Crawley & Grant, 2012).
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Aun así, cabe destacar que es una imagen clásica que ha quedado grabada en la memoria colectiva a modo de arquetipo y que lo normal es la evolución en las técnicas y metodologías, por lo que no sería raro pensar que esa forma de tratar parejas ya está algo desactualizada y haya evolucionado hacia nuevas formulas que consiguen mejores resultados.
Las tazas de éxito en la terapia «clásica» de pareja son altas en contextos de laboratorio, sin embargo los resultados son más ambiguos y complejos de analizar en contextos clínicos terapéuticos debido a la escasa estandarización de las metodologías aplicadas (Lara, 2020).

Desde mi perspectiva y experiencia clínica puedo agregar otro problema en torno a la metodología de la terapia de pareja: la escasa información en torno a cómo realizar un diagnóstico.
La terapia de pareja: una prescripción más que una opción
Antes de iniciar la búsqueda de un terapeuta de parejas o iniciar un tratamiento la primera duda que tenemos que despejar es si el problema proviene de la relación sistemática de la pareja o, surge debido a alguna variable individual de uno de los miembros, o de ambos.

Para despejar esa duda mi primera recomendación es la terapia individual, así nos podemos acercar de forma más eficaz a la génesis del problema o a la variable que realmente a mermado la relación de pareja y, según los resultados, definir si es recomendable una terapia de pareja y qué metodología deberíamos usar.
Las metodologías que uso en terapia de pareja
1. Clasica
La de toda la vida, el triangulo perfecto: La pareja interactuando y el terapeuta analizando y mediando.

Usada cuando el motivo de consulta y las variables que lo sostienen son principalmente asociadas a problemas en la frecuencia y forma de la comunicación en la pareja.
2. Por turnos
Similar a la anterior, con las únicas diferencias de que la interacción entre los miembros de la pareja se realiza fuera del contexto terapéutico y la intervención es individual.

Usada idealmente cuando hay sospecha de patología psicológica o psiquiátrica en uno de los miembros en el que se realizará el trabajo clínico mientras que con el otro se desarrollarán herramientas de psicoeducación y colaboración psicoterapéutica.
3. Abogados y representados
La que más me gusta usar y a la vez la más compleja. Requiere de dos psicoterapeutas (uno para cada miembro de la pareja) que puedan tener libre comunicación en torno al caso y que sean afines a los conocimientos requeridos para la intervención.
Los objetivos se plantean en función de mejorar la relación de pareja, sin embargo la psicoterapia se hace de forma individual. Tras la sesión, ambos psicoterapeutas se juntan a discutir y analizar aquellas variables que afectan a la relación de pareja para levantar la información ya trabajada a la pareja y comenzar los procesos de cambio.

Esta metodología es la que suelo usar en la mayoría de los casos, pero es especialmente recomendable cuando se observan procesos patológicos fuertemente marcados en uno o en ambos miembros de la pareja.
4. Por separado
Similar a la anterior, la principal diferencia es que los objetivos se plantean en función de las necesidades clínicas propias de cada integrante de la pareja y no de la pareja como unidad. Es la principal opción cuando se observan procesos patológicos individualizados en ambos miembros.

5. Subterapia
Esta es la que uso en todos los casos. Si tomamos como base la teoria de sistemas, basta con que yo modifique una de las variables para alterar todo el sistema.

Si bien, el paciente que acude a la consulta es el foco de atención y quien se lleva gran parte de los resultados, sin duda alguna estos cambios afectaran a la pareja. Mi objetivo es ir guiando estos cambios a traves de estrategías que no solo afectarán positivamente a mi paciente, sino que a su pareja y, por que no decirlo, todo su ambiente familiar y social.
Lo ideal es que quede sujeta a prescripción profesional
Siempre es fundamental respetar el derecho del paciente a tomar decisiones sobre su salud. No obstante, al buscar la ayuda de un profesional es importante tener en cuenta que el profesional se basará en una amplia base de conocimiento derivada de numerosas investigaciones y analizará cuidadosamente el caso, considerando las variables individuales presentadas. Siguiendo las recomendaciones del profesional es cuando alcanzamos los resultados más efectivos.
En muchas ocasiones, el especialista puede sugerir terapia de pareja como una opción viable, mientras que en otras situaciones puede considerar que no es necesaria. Lo que aconsejo es que se mantenga una mente abierta frente a las diferentes opciones que puedan existir y estar preparados para iniciar un proceso de descubrimiento para aprender a estar bien con nosotros mismos y eso, traiga como resultado, estar mejor en pareja.

Bibliografía
- Crawley, J., & Grant, J. (2012). Terapia de pareja: El Yo en la relación. Ediciones Morata.
- Lara, L. A. V. (2020). ¿Es eficaz una terapia de pareja? Revisión de resultados en función de enfoques teóricos. https://repositorio.comillas.edu/xmlui/handle/11531/41351

Héctor A. Rodríguez Bonilla
Psicólogo Mst. Cs. de la Sexología
Psicólogo, Master en Ciencias de la Sexología (Universidad de Almería), Experto en Investigación Cualitativa (Universidad de Almería), Diplomado en Salud Mental y Psiquiatría (Universidad Autónoma), Experto en Terapias de Tercera Generación (Universidad de Almería).
«Mis áreas de especialización se dividen en dos campos. En el ámbito de la psicología, me he enfocado en los trastornos de ansiedad, del sueño y de personalidad. En el área de la sexología, mi experiencia clínica abarca los trastornos del deseo, la excitación y el orgasmo».
