La terapia de parejas no es lo que parece

Cuando pensamos en terapia de pareja se nos viene la imagen del Sr. y la Sra. Smith: La oficina del psicoterapeuta, la pareja sentada y frente a ellos, el terapeuta tomando notas en torno al comportamiento.

Fotograma de la película Sr. y Sra. Smith (2005)

No es una imagen incorrecta del todo, los primeros planteamientos en torno a la terapia de pareja incluían el proporcionar un ambiente de dialogo entre ambas partes siendo el psicoterapeuta una especie de mediador que no solo se limitaba a esa función, sino que ademas sugería estrategias de dialogo y realizaba un proceso de análisis y diagnóstico en torno a las formas de hablar y comportarse de sus pacientes (Crawley & Grant, 2012).

Aun así, cabe destacar que es una imagen clásica que ha quedado grabada en la memoria colectiva a modo de arquetipo y que, lo normal es la evolución en las técnicas y metodologías por lo que no sería raro pensar que esa forma de tratar parejas, ya está algo desactualizada.

Las tazas de éxito en la terapia de pareja son altas en contextos de laboratorio, sin embargo los resultados son más ambiguos y complejos de analizar en contextos clínicos terapéuticos debido a la escasa estandarización de las metodologías aplicadas (Lara, 2020).

El beso - Henri Toulouse-Lautrec (Francia, 1892)
El beso – Henri Toulouse-Lautrec (Francia, 1892)

Desde mi perspectiva y experiencia clínica puedo agregar otro problema en torno a la metodología de la terapia de pareja: la escasa información en torno a cómo realizar un diagnóstico.

La terapia de pareja: una prescripción más que una opción

La primera duda que tenemos que despejar es si el problema proviene de la relación sistemática de la pareja o, surge debido a alguna variable individual de uno de los miembros.

Pintura de René Magritte, en una habitación, dos personas se besan con sus rostros cubiertos con lo que parece ser una sabana
Los amantes – René Magritte

Para despejar esa duda mi primera recomendación es la terapia individual, así nos podemos acercar de forma más eficaz a la génesis del problema o a la variable que realmente a mermado en la relación de pareja y, según los resultados, recién ahí definir si es recomendable una terapia de pareja y qué metodología usar.

Las metodologías que uso en terapia de pareja

1. Clasica

La de toda la vida, el triangulo perfecto: La pareja interactuando y el terapeuta analizando y mediando.

Modelo clásico de terapia de pareja (elaboración propia, 2023)

Usada cuando el motivo de consulta y las variables que lo sostienen son principalmente asociadas a problemas en la frecuencia y forma de la comunicación en la pareja.

2. Por turnos

Similar a la anterior, con las únicas diferencias de que la interacción entre los miembros de la pareja se realiza fuera del contexto terapéutico y la intervención es individual.

Usada idealmente cuando hay sospecha de patología psicológica o psiquiátrica en uno de los miembros con el cual se realizará el trabajo clínico mientras que con el otro se desarrollarán herramientas de psicoeducación y colaboración psicoterapéutica.

3. Abogados y representados

La que más me gusta usar y a la vez la más compleja. Requiere de dos psicoterapeutas (uno para cada miembro de la pareja) que puedan tener libre comunicación en torno al caso y que sean afines a los conocimientos requeridos para la intervención.

Los objetivos se plantean en función de mejorar la relación de pareja, sin embargo la psicoterapia se hace de forma individual. Tras la sesión, ambos psicoterapeutas se juntan a discutir y analizar aquellas variables que afectan a la relación de pareja para levantar la información ya trabajada a la pareja y comenzar los procesos de cambio.

Esta metodología es la que suelo usar en la mayoría de los casos, pero es especialmente recomendable cuando se observan procesos patológicos fuertemente marcados en uno o en ambos miembros de la pareja.

4. Por separado

Similar a la anterior, la principal diferencia es que los objetivos se plantean en función de las necesidades clínicas propias de cada integrante de la pareja y no de la pareja como unidad. Es la principal opción cuando se observan procesos patológicos individualizados en ambos miembros.

5. Subterapia

Esta es la que uso en todos los casos. Si tomamos como base la teoria de sistemas, basta con que yo modifique una de las variables para alterar todo el sistema.

Si bien, el paciente que acude a la consulta es el foco de atención y quien se lleva gran parte de los resultados, sin duda alguna estos cambios afectaran a la pareja. Mi objetivo es ir guiando estos cambios a traves de estrategías que no solo afectarán positivamente a mi paciente, sino que a su pareja y, por que no decirlo, todo su ambiente familiar y social.

Lo ideal es que quede sujeta a prescripción profesional

Siempre es fundamental respetar el derecho del paciente a tomar decisiones sobre su salud. No obstante, al buscar la ayuda de un profesional, es importante tener en cuenta que este experto se basará en una amplia base de conocimiento derivada de numerosas investigaciones y analizará cuidadosamente el caso, considerando las variables individuales presentadas. Siguiendo sus recomendaciones, es posible alcanzar los resultados más efectivos.

En muchas ocasiones, el especialista puede sugerir terapia de pareja como una opción viable, mientras que en otras situaciones puede considerar que no es necesaria. Lo que aconsejo es que se mantenga una mente abierta frente a las diferentes opciones que puedan existir y estar preparados para iniciar un proceso de descubrimiento para aprender a estar bien con nosotros mismos y eso, traiga como resultado, estar mejor en pareja.

Bibliografía

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