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(Arte: Drumstick-Dinner – Wayne Thiebaud)

El amor, un tema tan difícil de abarcar por la subjetividad intrínseca que lleva, pero a la vez, uno de los temas más controversiales de nuestra historia. Lo decimos abiertamente o lo expresamos de diferentes formas, pero muy pocas personas logran darle un significado único que nos deje a todos los seres humanos satisfechos.

Pintura de René Magritte, en una habitación, dos personas se besan con sus rostros cubiertos con lo que parece ser una sabana
Los amantes РRen̩ Magritte

La humanidad ha tratado de explicarlo de muchas formas, autores como Eric Fromm con su libro «el arte de amar», nos habla sobre los tipos de amor y su expresión. Pero hoy, les quiero presentar una analogía surgida de una sesión de psicoterapia con uno de mis pacientes. 

El planteamiento de mi paciente fue acerca del amor puro y/o verdadero, y la búsqueda del mismo durante mucho tiempo en sus relaciones de pareja, incansablemente se mantenía con la idea de encontrar ese amor, aquel que envolviera su vida, de aquellos amores que al parecer solo se logran encontrar en películas, aquel amor que nos entrega todo lo que queremos y que imaginar tan solo un mundo fuera de el, no tendría sentido, todo afuera se tornaría intrascendente y banal.

La frustración es mayor cuando nos damos cuenta que al pasar el tiempo, ese amor no se logra encontrar, más bien se encuentran aquellos amores rotos o que dejan ese vacío que al parecer, se pretende tapar. Los miedos y dudas vienen a nuestra mente, nos mantienen estancados y con la idea que ese amor nos estará esperando en otro lugar. Pues todo eso, al final se vuelve una fantasía al más puro estilo de Disney, de aquellos cuentos de hadas, príncipes y princesas, con amores verdaderos que al final de una caótica historia, terminaban siendo felices para siempre. Es en este punto, donde esos cuentos y películas nos hicieron mucho daño, nos hicieron creer que lo único que se necesitaba para ser felices era un amor verdadero, solo eso y nada más, pero la vida real es más compleja que eso, ya que se requieren de muchos otros factores para tener una relación en pie y es aquí donde entra la analogía de la sal.

Pintura de John William Waterhouse. En un barco, una mujer vestida elegantemente, sostiene el cáliz de un hombre, con armadura de guerra
Tristán e Isolda con la poción – John William Waterhouse

La sal, aquél condimento que ocupamos para darle sabor a nuestras comidas, y que a cada plato le entrega la chispa, probablemente lo esencial para que al comerlo, podamos decir: «Que rico ha quedado, quiero más». Pero esto, ¿Qué tiene que ver con el amor?. Pues la reflexión en esta sesión fue la siguiente:

El amor es como la sal, probablemente esencial para la relación de pareja, el núcleo que nos mantiene unidos al otro, lo que le entrega la chispa a todo lo que podamos experimentar dentro de ella, pero: ¿Para una relación solo necesitamos amor? No, necesitamos muchas otras cosas más -según cada relación- como respeto, compañerismo, responsabilidad, compromiso, lealtad, honestidad, comprensión, apoyo, etc. Es decir, en un plato de comida no solo necesitamos sal, también necesita otros ingredientes como vegetales, carnes, legumbres, mariscos quizás o todo aquello que nos guste, un tipo de aceite especial o incluso el tiempo de cocción influye en el resultado final. Imagina tu plato preferido, con el aroma que deja una agradable sonrisa en tu cara, tu boca comienza a salivar, el apetito se abre y lo único que queremos es comenzar a comer, te sientas y te llevas un poco a tu boca pero… ¡NO TIENE SAL! todo ese aroma no se transforma gusto al entrar en nuestra boca, sino que viene un mal sabor, esa sonrisa se vuelve asco y nos quedamos decepcionados, no era lo que esperábamos. Le falta el ingrediente que le da la chispa al plato, la sal… la sal como el amor que le falta a ese plato, es decir, el plato es la relación de pareja.

En este mismo sentido, y retomando la idea, la sal no es lo único que necesitamos para nuestro plato, nosotros no comemos solo sal, ya que si nos llevamos un puñado de ella a nuestra boca también nos sabrá mal, incluso para nuestra salud es muy perjudicial en grandes cantidades. Las relaciones de pareja no solo necesitan amor, necesitan mucho más, no se mantienen así como así, se mantienen por todos los otros factores antes nombrados (y más) no se mantienen uno sin el otro. Y con esto vengo a decirles «el amor verdadero que nos presenta Disney, no existe».

El amor verdadero es un ideal, es lo máximo que se puede aspirar a ser, pero no siempre se puede lograr, es más, casi nunca se logra pero esto no quiere decir que no podamos intentarlo o que una buena relación no se pueda lograr, al contrario, las buenas relaciones existen, aquellas que se ven como nuestro plato favorito, con el aroma y el color que queremos pero que además contiene sal en una buena medida. ¿Es fácil lograr ese plato? Pues no, necesitamos mucha práctica, muchos errores y aprender de todo aquello para que un día podamos lograr nuestra mejor versión. La relación necesita aprendizaje, necesita mejorar y nosotros como personas haber tenido experiencia para algún día tener una relación madura, sana y verdadera.

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Fotografía del psicólogo Pablo Solis, esta sonriendo, cabello negro, moreno, fondo blanco. Viste una camisa blanca, cabello corto y barba recortada

Pablo I. Solis

Psicólogo Clínico

Psicólogo con más de cuatro años de experiencia clínica, abordaje terapéutico racional emotivo conductual. Sus estudios están enfocados principalmente en la depresión y en la conducta suicida. Experiencia como expositor en seminarios relacionados a la salud mental.
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