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💫Trabajando competencias parentales

La redacción original de este artículo estuvo a cargo de la psicóloga Jovana A. Rubilar. Posteriormente ha sido revisado y actualizado por la psicóloga Gabriela Rodríguez B.

La parentalidad hoy en día no es nada fácil. Existen muchos factores que influyen e interfieren en las relaciones entre los hijos e hijas y sus cuidadores, así como también la forma de educarlos y saciar sus necesidades. Hoy en día muchos adultos de la familia trabajan fuera de casa, existen separaciones, divorcios, falta de apoyo en la crianza y muchas otras situaciones que dificultan el ejercicio de la parentalidad (Sallés y Ger, 2011).

Pero… ¿Qué es la parentalidad?

«El concepto de parentalidad hace referencia a las actividades desarrolladas por los padres y madres para cuidar y educar a sus hijos, al tiempo que
promover su socialización» (Sallés y Ger, 2011, pp.27).

Uno de los autores más importantes en este tema es Barudy (2005, 2010), él distingue dos formas de parentalidad: la biológica que tiene que ver con la procreación; y la parentalidad social, la cual es la existencia de capacidades para cuidar, proteger, educar y socializar a los hijos e hijas. Este autor también integra las funciones de la parentalidad y marentalidad.

Según el autor Muñoz (2005) las funciones que deben cumplirse en la parentalidad sirven para:

  • Asegurar la supervivencia y el crecimiento sano de los miembros de la familia.
  • Aportarles un clima afectivo y de apoyo emocional necesarios para desarrollarse psicológicamente de forma sana.
  • Aportarles la estimulación que les dote de capacidad para relacionarse de forma competente con su entorno físico y social.
  • Tomar decisiones respecto a la apertura hacia otros contextos educativos que compartirán con la familia la tarea educativa y socializadora del niño. Entre todos estos contextos destaca especialmente la escuela.
El Árbol de la Vida – Gustav Klimt

¿Y qué son las competencias parentales?

Para Barudy y Dantagnan (2005; 2010), las competencias parentales son definidas como el saber-hacer o “las capacidades prácticas que tienen las madres y los padres para cuidar, proteger y educar a sus hijos, y asegurarles un desarrollo suficientemente sano.” (2010, p. 34).

Según los autores Bronfenbrenner & Evans (2000) y la definición que le adjudican a «competencia”, se entendería por competencia parental «la adquisición demostrada -y posterior desarrollo- de conocimientos y capacidades para conducir el comportamiento parental propio, a través de diversas situaciones de la vida familiar y la crianza y en las distintas dimensiones (física, cognitiva, comunicativa, socioemocional) del desarrollo del niño o niña, con la finalidad última de garantizar su bienestar y el ejercicio pleno de sus derechos humanos» (Gómez y Muñoz, 2014, pp.6).

Reiteradamente, la ausencia de competencias en los cuidadores origina numerosos tipos de traumas en los niños que, a pesar de ser siempre graves, lamentablemente, no siempre son visibles (Barudy, 2005). Es por eso que se pueden evaluar mediante un instrumento llamado Escala de parentalidad positiva (E2P).

Obra del pintor religioso Murillo, en la que se observa a dos niños Sevillanos descansando, comiendo uvas y melón, en sus ratos libres del trabajo.
Niños comiendo uvas y melón – Bartolomé Esteban Murillo (1650)

La Escala de Parentalidad Positiva (E2P) se organiza para cubrir cuatro áreas de competencia parental:

Las competencias vinculares, las competencias formativas, las competencias protectoras y las competencias reflexivas (Gómez y Muñoz, 2014).

Las competencias vinculares, se define como el conjunto de conocimientos, habilidades y prácticas cotidianas de parentalidad y crianza dirigidas a promover un estilo de apego seguro y un adecuado desarrollo socioemocional en los niños y niñas.

Las competencias protectoras, son aquellas que van dirigidas a cuidar y proteger adecuadamente a los niños y niñas, resguardando sus necesidades de desarrollo humano, garantizando sus derechos y favoreciendo su integridad física, emocional y sexual.

Las competencias formativas, Las competencias parentales formativas se definen como el conjunto de conocimientos, habilidades y prácticas cotidianas de parentalidad y crianza dirigidas a favorecer el desarrollo, aprendizaje y socialización de los niños y niñas.

Las competencias parentales reflexivas, son quellas que permiten pensar acerca de las influencias y trayectorias de la propia parentalidad, monitorear las prácticas parentales actuales y evaluar el curso del desarrollo del hijo/a, con la finalidad de retroalimentar las otras áreas de competencia parental.

En esta obra de John Sargent, dos niñas están en un jardín rodeadas de lirios blancos y colocan unas lámparas de papel que alumbran la escena oscura de la tarde.
Clave, lila, lila, rosa – John Sargent (1885)

Para tener las competencias parentales óptimas…

Ya que es un constructo que busca nutrir el desarrollo de los niños y niñas en toda su etapa vital, este modelo busca potenciar a padres, madres y quienes realizan la labor de cuidados hacia las infancias, para así poder integrar conocimientos, prácticas y habilidades que vayan integrando lo mejor de diferentes áreas. ¿Es díficil? Claro que lo es ¿Es posible? La perfección no existe, pero podemos mejorar cada día para ir hacia un mejor futuro para nuestros niños y niñas. Esta experiencia dará la base de seguridad al niño para poder afrontar los desafíos del crecimiento y adaptarse a los diferentes cambios de su entorno.

¿Cómo puedo mejorar mis competencias parentales?

Según Barudy y Dantagnan (2010), las competencias dependen en cada individuo de:


• Las posibilidades personales innatas influenciadas por factores hereditarios.
• Los procesos de aprendizaje, que están influenciados por los momentos históricos, los contextos sociales y la culturales.
• Las experiencias de buen trato o mal trato que los futuros padres han conocido en sus historias personales, sobre todo en la propia infancia y en la adolescencia.

A pesar de que la familia tienen funciones indispensables para formar a cada niño y niña de nuestra sociedad, es la única institución educadora que no recibe necesariamente formación o capacitación para hacerlo. Nadie nos enseña a ser padres, madres o cuidadores de un niño. Es por eso que es muy importante poder acceder a información actualizada, con bases científicas que permitan desarrollar una parentalidad acorde a las necesidades de nuestros hijos e hijas. Para esto podemos formarnos en talleres parentales, intervenciones específicas en centros psicológicos e incluso de manera autodidacta.

A pesar de que este modelo pareciera ser muy completo y diseñado para cualquier tipo de familia, hay ciertos factores que podemos considerar como limitantes al momento de ejecutar o potenciar las competencias parentales. En casos de vulnerabilidad grave, ya sea en contextos de violencia o pobreza, este modelo no podría ser aplicado dada la complejidad de los factores contextuales. En los casos donde hay una situación de vulnerabilidad, es de vital importancia actuar desde la prevención y ofrecer un apoyo directo a las familias con recursos materiales, educativos y terapéuticos para asegurar una coberturade las necesidades infantiles y la protección de sus derechos (Gómez y Muñoz, 2014).

El almuerzo de los remeros – Pierre-Auguste Renoir

En conclusión, la adquisición de competencias parentales va a significar una mejora en las funciones protectoras, afectivas, formativas y vinculares hacia niños y niñas, lo cual va a potenciar su bienestar tanto en el presente como en el futuro. A pesar de que este modelo incluye una visión diversa de acuerdo lo que hemos visto, mantiene una visión individualizada de lo que son las competencias, sin incluir algunos factores importantes que están muy presente en muchas familias hoy en día, como lo es la falta de apoyo en la crianza, las largas jornadas laborales, la pobreza, el divorcio, el estrés parental, la violencia y entre muchos otros factores que podrían incidir en una buena ejecución de las competencias parentales.
Sin duda es necesario incentivar buenas prácticas en la crianza, pero si no hay una base de seguridad, economía, bienestar en los cuidadores, no podríamos hacer un buen esfuerzo de fomentar las competencias. Sería inhumano decir que te faltan competencias protectoras mientras que vives en un área de inseguridad constante ¿No creen?

Referencias

Barudy, J. (2005), Familiaridad y competencias: el desafío de ser padres. En: Barudy, J. i Dantagnan, M. Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia. Gedisa. Barcelona.

Barudy, J.; Dantagnana, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental.
Gedisa. Barcelona.

Gómez, E.; Muñoz M. (2014) Escala de Parentalidad Positiva. Fundación Ideas Para La Infancia.

Muñoz Silva, A. (2005) La familia como contexto de desarrollo Infantil. Dimensiones de análisis relevantes para la intervención educativa y social.
Portularia, 2, 147-163.

Sallés Domenech, C. y Ger Cabero, S. (2011) Las competencias parentales en la familia contemporánea: descripción, promoción y evaluación. Educación Social.