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(Arte: Patrick Nagel)

Si somos tan diferentes, ¿por qué no hay formas diferentes de placer?

El sexo se ha considera a lo largo del tiempo de forma coloquial como sinónimo de penetración, lo cual ha extrapolado hoy día en la creencia de que las relaciones sexuales ocurren solo cuando hay coito.

A todas las otras prácticas que se realizan se les ha llamado preliminares, siendo la última práctica alcanzable y como la más deseable la penetración. Por lo tanto, para muchas personas el encuentro consiste en unas prácticas sexuales para conseguir finalmente “meterla” o sino no, son “relaciones sexuales completas”.

Esto también ha generado muchos mitos, como que el sexo oral no es sexo, las lesbianas con vulvas, al no tener pene, no pueden mantener relaciones sexuales o si se realiza sexo anal sigues siendo virgen.

El Beso
Gutav Klimt

No existe una sola forma de practicar sexo, ni una mejor que otra. Hay muchas formas de disfrutar de nuestro cuerpo y las relaciones sexuales, incluso sin penetración. En esta entrada vamos a conocer el origen del coitocentrismo y que otras prácticas con las que podemos disfrutar en un encuentro sexual.

Moral sexual

La sexualidad coexiste con la moral. Los orígenes de nuestra moral sexual provienen para la mayor parte del globo, de una moral judeocristiana que comienza hace más de 3.000 años con la salida de los judíos de Egipto guiados por Moisés, junto a los 10 mandamientos.

A partir del antiguo testamento y junto a características sociales, como el bajo nivel económico, se marca la sexualidad por el monoteísmo, el machismo y la orientación procreativista

Lo que pretende es asegurar la descendencia, viendo todas las relaciones diferentes a sus ideas como prohibitivas. Por lo tanto, es una moral represora de la sexualidad, que condena el placer y la sexualidad sin fines reproductivos.

A pesar de estar en un siglo nuevo y una sociedad más permisiva, estas creencias siguen arraigadas en nuestro modelo sexual de placer.

“Lo que Dios unió que no lo separe el hombre”

(Mateo 19:6)

Hemos crecido en una sociedad patriarcal con una creencia que dicta el coitocentrismo de la sexualidad y la institucionalización del matrimonio, que subordina a la mujer al deseo masculino y que castiga diferentes sexualidades que se escapen de esta norma.

Cumplir estas normas nos produce una satisfacción temporal social, al cumplir con esos estándares sociales preestablecidos. Pero otorga una urgencia en el cuerpo masculino que disminuye otras prácticas placenteras de nuestra sexualidad. Estos son los mal llamados preliminares.

También reduce el dónde y cuándo tienen lugar estos encuentros al matrimonio, dándoles un carácter efímero y fugaz. Por lo que surge así también el constructo social de la virginidad, que no es más que otra opresión de la sexualidad, dando un valor desorbitado a la penetración, como si el resto de prácticas no aportasen ningún valor social.

Olvidándonos de uno de los órganos más sensibles, la piel. Que evolucionó perdiendo pelo y aumentando la cantidad y variedad de corpúsculos sensitivos, haciéndonos el mamífero con la piel más sensible.

El orgasmo

Muchas veces, un encuentro muy coitocéntrico no resulta tan placentero para las personas con vulva. Esto es debido a que el orgasmo ha estado bajo los intereses falocéntricos, es decir, centrado en la penetración.

La única forma de conocer que prácticas son las que más nos excitan o producen placer es conociendo nuestro cuerpo. Si queréis saber más te invito a leer Los secretos de la masturbación.

Con prácticas más diversas, las personas con vulva, tienen más facilidad en llegar al orgasmo, ya que hay muchos puntos erógenos que se pueden ser estimulados e incluso estos puntos pueden no tener relación con los genitales.

Pero el objetivo no debe ser tampoco el orgasmo en el encuentro, ya que puede llevar otros problemas de ansiedad por querer conseguirlo.

Sino que lo mejor es no perseguir el orgasmo como fin, ya que pueden generar problemáticas, y centrarse en el momento y la diversión de estar con la otra persona.

¿Cómo no ser coitocentricos?

Para aprender que el coitocentrismo no es lo más importante y experimentar más sensaciones con nuestro cuerpo, debemos dejar a un lado la penetración para sumergirnos en un mundo nuevo de sensaciones.

Es dejar de tomar esta práctica como el menú principal y comenzar a darle a todas las prácticas sexuales igual relevancia.

Para ello te invito a que dejes de incluir esta práctica durante unos días en tus encuentros sexuales y te centres en besar a la otra persona. Puedes hacerlo más rápido, más despacio, con o sin lengua, mordiendo, sin morder…

Quédense todo el rato que deseen fusionándose en uno a través de los labios. Y después puedes comenzar a acariciar y besar el resto del cuerpo, sin hacer mucho hincapié en los genitales.

©Patrick Nagel

La cara, la cabeza, los hombros, la espalda, el pecho, las caderas, los muslos, los brazos, las manos, las corvas, los pies, tienes todo el cuerpo para experimentar con la punta de los dedos, con la mano, usando aceites corporales, masajeando, acariciando…

Recreación de Danae de Gustav Klimt por Milo Manara

Juega con los sentidos de la otra persona. Puedes ambientar previamente la habitación con una música sensual, alumbrarla con velas aromáticas o incluso atar a la otra persona para que no pueda mover las manos (siempre con cuidado de no hacerle daño, con unos pañuelos suaves, por ejemplo) o vendarle los ojos para que no sepa dónde y qué estás haciendo.

Podéis jugar con el poder, jugar a quién domina a quién, a provocar al otro, por ejemplo, mordiéndole la oreja si sabes que eso le vuelve loco. Azotes, juegos de rol, bailes sensuales, todo lo que los divierta, los haga reír y los excite sin incluir a los genitales.

Recorre con tus labios su cuerpo, crea un camino de saliva hasta sus genitales, chupa sus pezones y baja hasta sus genitales, oliendo la piel, mirándole a los ojos y mordiéndote el labio hasta metértelos en la boca.

Después puedes volver a acariciar de nuevo su cuerpo, recorrer algunas partes que normalmente no tocamos, descubrir el placer de lamer las corvas o chupar los pies.

Todas las prácticas que se te ocurran pueden ser excitantes, es cuestión de hablar antes para saber que les gustaría experimentar.

Así pues, el falo dejará de tener tanta importancia, adiós a complejos de ellos, adiós a presiones por mantenerla dura durante toda la relación sexual, simplemente importa el gozar y divertirse.

Aunque como todas las prácticas, tú decides que te quieres hacer y que no, por lo que mantener relaciones con coito y sin él pueden ser igual de placenteras y aceptables.

Lo mejor es la ausencia de un patrón sexual y jugar según las preferencias que se tenga ese día, claramente siempre desde el respeto mutuo.

Recursos externos

Y como regalo…

¡Un playlist de música sensual en el siguiente enlace a YouTube!

¿Te han gustado las ilustraciones y el arte de este artículo? Visita inlumine.cl/arte para saber más.

Fotografía de la psicóloga Inma Muñoz. cabello castaño y rapado al lado izquierdo de quien mira, sonrisa amplia

Inma Muñóz Sanchez

Asesora externa

Psicóloga Mg. Sexología Clínica y Asesoramiento Sexológico

Tras especializarme en el ámbito de psicología de la salud y, más específicamente, en el de la sexología, me encuentro capacitada para desarrollar talleres sobre educación en diversos ámbitos. Esta es una de mis vocaciones, ya que con la educación se previenen muchos problemas y gracias a ella podemos hacer una población más consciente y libre.
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