Si bien en la actualidad el psicoanálisis no es una práctica psicoterapéutica recomendada ni avalada por ningún estudio basado en la evidencia, sus conceptos pueden resultar útiles durante los procesos de evaluación y diagnóstico. Esto se debe a que entrega un vocabulario específico, único y fácilmente adaptable a otros enfoques psicológicos (y por qué no decirlo, conocido por gran parte de la población).

Los mecanismos de defensa nacen de las teorías psicoanalíticas como estrategias psicológicas normalmente inconscientes que se encargan de regular las emociones para proteger el equilibrio psíquico y así evitar trastornos por exceso de excitación emocional. 

De acuerdo con estas teorías, y como señaló en los años 80 el grafólogo Augusto Vels en sus estudios sobre la personalidad y los mecanismos de defensa, de entre las distintas emociones básicas podemos señalar dos que tienen el poder potencial de alterar de manera importante este equilibrio; el miedo y la ira. Este desequilibrio ocurrirá cuando los mecanismos de defensa no actúen bien o no consigan regular aquello que nos esté perturbando psicológicamente.

Portada del libro de Anna Freud, "El yo y los mecanismos de defensa". Libro sobre las teorías del psicoanálisis. En un fondo color naranja hay una concha o almeja de mar color verde moteado.
El YO y los Mecanismos de Defensa - Anna Freud (1936)

En el caso del miedo, una mala regulación de los mecanismos de defensa puede dar lugar a problemas de angustia, ansiedad, bloqueo, inhibición, fobias, etc. Cuando estos mecanismos funcionan de manera adecuada se tiende a la desconfianza, la precaución, la reserva o la previsión.

En el caso de la ira mal regulada, podemos tender a estados agresivos, de furia, irritabilidad, explosividad, impulsos destructivos, etc. Su contrapartida gracias a un filtro adecuado de regulación será la ambición, el deseo de resolución y eficacia, la iniciativa o la combatividad.

En cualquier caso, los mecanismos de defensa no están exentos de pasar a ser patológicos cuando se descontrolan, se vuelven inflexibles o alcanzan niveles reactivos perjudiciales para el bienestar propio.

Los mecanismos más comunes

Aunque Sigmund Freud fue el gran precursor de las teorías psicoanalíticas, fue su hija Anna Freud quien elaboró la primera teoría sobre mecanismos de defensa en su libro “El YO y los Mecanismos de Defensa” en 1936. En este libro condensa y unifica algunas ideas de su padre pero se enfocará en asentar una teoría que explique en qué medida los mecanismos están predispuestos por las emociones propias y el contexto social. Según ella, los más comunes son:

Regresión: Existe un retroceso a un funcionamiento mental más primitivo (infantil) que se asocia a momentos en los que el individuo se sentía más seguro. Por ejemplo un niño cuando nace un nuevo hermano.

Represión: Una idea o impulso que se considera inaceptable o en contra de los propios valores se vuelve inconsciente y se puede manifestar por otras vías.

Formación Reactiva: Una idea o impulso que se considera inaceptable o en contra se los propios valores se controla por la exageración de la tendencia opuesta. Por ejemplo una mujer maltratada engrandece los buenos comportamientos de su pareja en detrimento de las conductas violentas.

Anulación Retroactiva: La persona que ha vivido un momento desagradable o amenazante actúa como si no hubiera ocurrido.

Racionalización. Es el mecanismo de defensa menos común ya que requiere un alto nivel intelectual. Se asocia un pensamiento o idea inaceptable a un razonamiento lógico aceptable. Por ejemplo una persona que debe afrontar un rechazo o un despido razona que es una buena oportunidad para mejorar y conocer nuevos caminos o que la oportunidad no era realmente tan buena como parecía. En palabras coloquiales es el “no hay mal que por bien no venga”.

Proyección. La persona coloca deseos, ideas o pensamientos propios a otras personas con el fin de intentar defenderse de su efecto en la estabilidad propia. Después este contenido suele ser percibido como una amenaza, por ejemplo, una persona homosexual que termina siendo homofóbica por miedo a que lo identifiquen con una orientación que según su entorno es mala.

Introyección. Es el contrario a la proyección; la persona adquiere valores, ideas o pensamientos de otros como propios porque los considera más deseables o porque esto le permite protegerse en un ambiente amenazante. Por ejemplo, un niño comienza a maltratar a otros niños porque sufre maltrato en su hogar y cree que así será más fuerte y no le harán más daño.

Aislamiento: La persona aísla un pensamiento o recuerdo para romper su conexión con el resto de sus vivencias y emociones. De esta forma se busca evitar que sea un evento relevante y afecte al equilibrio emocional. Por ejemplo una víctima de abuso sexual relata su experiencia de forma desconectada, como si fuera un recuerdo ajeno a ella.

Desplazamiento: Para Freud este es el mecanismo de defensa principal del YO. Tras una fase de Aislamiento se redirigen de manera inconsciente las emociones inaceptables hacia otra persona u objeto que la representaría. Según estas teorías este mecanismo es el responsable de las fobias.

Disociación: Se suele confundir con Aislamiento. Este mecanismo separa un hecho doloroso de la conciencia. Por ejemplo una persona acaba de vivir un accidente de coche y no reconoce esta vivencia.

Sublimación: Se sustituye un instinto inaceptable socialmente por otro más aceptado y valorado. Freud proponía como ejemplo la desviación de las pulsiones sexuales hacia lo artístico o intelectual.

 Conversión: Una vivencia dolorosa se comienza a expresar a través del sistema motor o sensorial. Los mecanismos más habituales son ceguera, parálisis u otras dolencias del sistema nervioso que no se pueden explicar por una valoración médica.

Somatización: Se suele confundir con Conversión. Es el mismo principio solo que las dolencias ocurren a través de otros sistemas, ocasionando dolor general, malestar gástrico, migrañas o nauseas.

La lista de mecanismos de defensa es bastante extensa y de hecho podría continuar varios párrafos más. Aquí se han seleccionado los principales indicados por Anna en su libro, además de algunos añadidos al final por su relevancia, gracias a los aportes de otros profesionales que han identificado y registrado mecanismos que ni Sigmund ni Anna encontraron en sus estudios.

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Fotografía de la Psicóloga Vicky Ramírez Barcia, en un campo, cabello castaño claro, casi rubio, sonriente con sus lentes de marco grueso y negro

Vicky R. Barcia.

Psicóloga Mtr. en Orientación de la Universidad de Sevilla,

Psicóloga Educacional Magister en Orientación de la Universidad de Sevilla, España. Estudios en equinoterapia y experiencia en programas de “Respiro Familiar” y en “Orientación Educativa” en la US.

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