¿Cómo identificar la depresión infanto juvenil?

Cuando hablamos de depresión, comúnmente la asociamos a la población adulta, olvidando por completo que, a la base de un adulto deprimido, existen factores transgeneracionales desde la trayectoria de desarrollo infantil hacia la vida adulta. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, la depresión es una de las patologías más incapacitantes de salud mental a nivel mundial, afectando al 5% o 1 de cada 20 niños y adolescentes antes de los 19 años. A pesar de que el origen aún es desconocido, posee un fuerte componente biológico y socioambiental, influenciado por los genes heredados y las experiencias durante el desarrollo del ciclo vital, predisponiendo a padecer depresión.

En consecuencia, los niños que experimentan fuerte estrés, pérdidas significativas en su familia y/o vulneraciones graves de derechos, así como aquellos con dificultades en atención, aprendizaje, conducta o ansiedad, tienen mayor riesgo de padecer depresión. El abuso y/o consumo de sustancias, como alcohol o marihuana, a menudo conducen o anteceden a esta patología.

Hoy es vital generar conciencia en los padres y cuidadores sobre la posibilidad de que sus hijos/as puedan padecer depresión. Es fundamental identificar los síntomas a tiempo y buscar ayuda profesional.

Es crucial prestar atención a cambios emocionales, como sentimientos de tristeza, frustración, desesperanza, y cambios en el comportamiento, como cansancio, insomnio, cambios en el apetito, entre otros.

Francis Picabia – El Apuro (1914)

Diagnóstico

La evaluación clínica inicial es fundamental para comprender y abordar adecuadamente los desafíos de salud mental. Este proceso exhaustivo abarca la recopilación de datos a través del historial psiquiátrico y médico, un examen mental detallado, un análisis físico minucioso y pruebas de laboratorio focalizadas. Además, se busca obtener una visión holística del individuo, integrando información valiosa proporcionada por padres y maestros. Este enfoque integral incluye la evaluación de la ideación suicida y homicida, la identificación de trastornos comórbidos y la evaluación del funcionamiento psicosocial.

Factores de riesgo

  1. Bajo peso al nacer: La vulnerabilidad asociada con un peso bajo al nacer puede influir en la salud mental a lo largo de la vida.
  2. Antecedentes familiares de depresión y ansiedad en parientes de primer grado: La predisposición genética puede contribuir al desarrollo de condiciones psiquiátricas.
  3. Disfunción familiar o conflicto entre el cuidador y el niño: Las relaciones familiares desafiantes pueden tener un impacto significativo en el bienestar emocional.
  4. Exposición a la adversidad temprana: Experiencias traumáticas en la infancia pueden afectar negativamente la salud mental a lo largo del tiempo.
  5. Estresores psicosociales: Factores externos, como presiones académicas o sociales, pueden desempeñar un papel importante en el deterioro de la salud mental.
  6. Disforia de género y homosexualidad, especialmente si los jóvenes son intimidados: La discriminación y el acoso pueden tener consecuencias graves para la salud mental de los jóvenes.
  7. Estilo negativo de interpretar eventos y hacer frente al estrés: Patrones de pensamiento negativos pueden contribuir a la vulnerabilidad psicológica.
  8. Antecedentes de trastornos de ansiedad, trastorno por uso de sustancias, problemas de aprendizaje, trastorno por déficit de atención e hiperactividad y trastorno de oposición desafiante: La presencia de estos factores aumenta el riesgo de problemas de salud mental.
  9. Lesión cerebral traumática: Daños cerebrales pueden tener un impacto significativo en la salud mental y el comportamiento.
  10. Enfermedad crónica, especialmente si el síntoma y / o la carga de tratamiento producen interrupciones crónicas de la vida: Las condiciones de salud crónicas pueden afectar tanto el estado emocional como la calidad de vida de una persona.

Este análisis detallado de los factores de riesgo es indispensable, ya que proporciona una base sólida para el diseño de estrategias de intervención personalizadas y la implementación de un plan de tratamiento integral.

Tratamientos actuales para la depresión infantil

Una vez elaborado el diagnóstico y estimada la severidad del cuadro, hay que tener en cuenta que, según guías nacionales e internacionales, los episodios leves y moderados se manejan en Atención Primaria, mientras que los severos requieren la intervención de un profesional experto.
Para episodios leves, el tratamiento de elección es la psicoterapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual (TCC) y la terapia interpersonal (TIP). Para episodios moderados, se sugiere el uso combinado de psicoterapia y farmacoterapia, siendo los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) como la fluoxetina los fármacos de elección.

Estudio del cielo – Edgar Degas (Francia 1869)

Riesgos de no tratar la depresión en la infancia

Si la depresión no se interviene a tiempo, tiende a perpetuarse con consecuencias como bajo autoconcepto, peor rendimiento académico y social, menor desarrollo de potencialidades, aumento del riesgo suicida, entre otros. Es un padecimiento crónico con alta prevalencia, lo que subraya la importancia del diagnóstico y tratamiento oportunos, considerando y descartando otros diagnósticos diferenciales.

Conclusión

La depresión infantojuvenil es un desafío significativo que afecta el presente y futuro de los niños y adolescentes. La identificación temprana y la búsqueda de ayuda son fundamentales para romper el ciclo de la depresión y permitir un desarrollo saludable. Padres, cuidadores y educadores desempeñan un papel crucial en la detección y el apoyo. Al trabajar juntos, se puede crear entornos que fomenten la salud mental de las generaciones futuras, preparando el camino hacia trayectorias de vida más saludables y resilientes. La inversión en la salud mental infantil es una inversión en un futuro más fuerte y equitativo para todos.

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